Manuel Valls: “La impresión es que Cs sacrifica Catalunya a sus intereses en España”

Ex primer ministro de Francia y actual concejal en el Ayuntamiento de Barcelona

Manuel Valls intenta tener buenas palabras hacia Ciudadanos y sus líderes, Albert Rivera e Inés Arrimadas, pero no puede evitar ser muy crítico con la actual estrategia de un partido que le dio su apoyo para ser candidato a la alcaldía de Barcelona y con el que ahora ha roto. Valls asegura tener dos objetivos: Barcelona y la unidad del constitucionalismo. Lo último abre la puerta a ocupar funciones políticas más allá de la ciudad donde nació, en el futuro.

-Su expectativa era ganar la alcaldía de Barcelona y se ha quedado en seis concejales, ¿ha sido más difícil de lo previsto?

No. He vivido un año único en lo profesional y en lo personal. Estoy feliz de haber vivido una experiencia política extraordinaria.

-¿Cree que se ha entendido su decisión de propiciar que Ada Colau fuera alcaldesa?

Creo que sí. Es cuestión de convicciones. Dije en la campaña que había que evitar que Barcelona cayera en manos independentistas y lo hemos conseguido, pese a lograr un resultado mediocre.

-¿Le parece peor el independentismo que el “populismo de izquierdas”, como usted dice?

Sí, claro. Ni Colau ni las bases de BComú son independentistas, pese a sus ambigüedades. Tener en los dos lados de la plaza Sant Jaume a independentistas cuestionando el Estado de derecho y la justicia española sería muy peligroso. Para Barcelona en el ámbito internacional, y para España, sería un reto muy complicado. Entramos en otro ciclo político para Barcelona.

-¿Podría decirse que usted ha obligado a Colau a elegir entre el independentismo y el no independentismo?

La política es elegir. En mi caso, era Maragall o Colau. Ella también ha tenido que elegir. Lo pudo vivir en la plaza Sant Jaume tras su elección. Que trate de hacerse perdonar con gestos es un poco infantil, no engaña a nadie. Sabe que esa elección ha cambiado la historia en Barcelona.

-Sin Ciudadanos en su grupo, ¿tendrá más fácil llegar a acuerdos con el gobierno municipal?

Siempre ha habido una tradición de pactos, ¿no? Tenemos que ser positivos y útiles. Tengo dos objetivos: la unión del constitucionalismo en España y Barcelona. Me voy a concentrar en los dos.

-¿Las élites pagaron su campaña? ¿Le han ayudado?

Llevo casi 40 años de experiencia política y sin ninguna mancha como servidor público. Este tipo de ataques son políticos y más orientados a presionar a Colau.

-Colau le acusó de ser el candidato de las élites.

La crítica de las élites es una característica del populismo, aquí, en Europa y en América. Está en el centro de los discursos de Trump. Eso no significa que las élites no tengan que cambiar, que la justicia y las fracturas sociales no sean problemas. Pero la crítica a las élites suele ser peligrosa. Una sociedad como la barcelonesa sin élites no sería la que es. No habría habido Renaixença, Modernisme, ni Juegos Olímpicos, ni Barça… La burguesía catalana, que no existe o no está organizada, ha ayudado y ayuda al separatismo.

-El diario Ara publicó que le pagaban 20.000 euros al mes.

Era una información falsa. Nunca cobré ese dinero que decían. Todos mis ­ingresos y patrimonio –no tengo– aparecen en mi declaración pública como concejal. Era un último intento de manipular o revertir la votación de investidura. La posterior campaña en contra delas empresas y también empresarios qu ­aparecían en el texto y que siguió a la publicación nos da una idea de cómo se mueven las -personas ­afines al independentismo.

-¿Hay alguna posible oferta ­para contraponer al independentismo?

Ya he dicho que me preocupa la ­división del constitucionalismo. Las divisiones en la sociedad catalana van a llevar mucho tiempo, una generación, pero el constitucionalismo debería tener una estrategia hacia Catalunya. Hay unos principios de defensa del Estado de derecho, de respeto al trabajo de los jueces… que todos deben compartir.

-¿Por qué cree que está dividido el constitucionalismo? ¿No comparten el PP, PSOE y Ciudadanos todo lo que usted dice?

Hay diferencias en los discursos. Necesitamos una estrategia compartida a largo plazo, una presencia del Estado en Catalunya, defender la Constitución y la Corona en Catalunya, las estrategias políticas en el buen sentido de la palabra en temas como medios de comunicación, escuela o Mossos, que Catalunya no sea un tema de división en el resto de España… Por ejemplo, cuando Zapatero viene y hace unas determinadas declaraciones resulta exasperante para un catalán constitucionalista. Debería ser más prudente. Es grave que diga que espera que la sentencia no comprometa el diálogo. Otra cuestión es que el separatismo abandone la unilateralidad. Parte de la solución vendrá de la sociedad catalana, pero los constitucionalistas no podemos jugar con los conceptos de los separatistas, como es presionar al Tribunal Supremo.

-Si el independentismo supera el 50 por ciento de los votos,¿ve usted viable un referéndum?

El independentismo ha logrado un voto casi del 50% en las europeas. Por eso las divisiones de los constitucionalistas para formar el gobierno de España o aquí, en Catalunya, son graves ante el reto que tenemos. No hay ninguna puerta abierta en Europa para un referéndum, pero tenemos que recuperar un relato, una relación, unos sentimientos entre Catalunya y el resto de España. Y eso requiere esfuerzos, estrategia y tiempo. El tema catalán tendría que ser el centro de un pacto entre los partidos constitucionalistas. Es un trabajo a largo plazo.

-¿Cree que el PP, Cs, e incluso barones del PSOE, utilizan el conflicto catalán para buscar réditos electorales?

Los que rompen el pacto, la Constitución, el Estatut, el reglamento del Parlament, son los independentistas. Son los primeros responsables. En Catalunya no hay presos ni exiliados. Ciudadanos ha tenido un papel muy importante en Catalunya desde el 2005 hasta el 2017 porque plantó cara. Y hemos de estar agradecidos a Albert Rivera e Inés Arrimadas porque representaron una forma de resistencia a lo que estaba pasando aquí. Pero hay la impresión, justa o injusta, de que Ciudadanos ha abandonado un poco a Catalunya, que ha sacrificado Catalunya a sus intereses en el resto de España, pero eso no puede ser el único titular. A pesar de mi ruptura con ellos, espero que puedan recuperar una estrategia positiva. Como parte de la solución vendrá de los catalanes, Ciudadanos tiene que tener una estrategia clara para Catalunya, y no sólo pueden ser canutazos o esperar que la situación empeore. Se tiene que buscar una solución de largo plazo, que es una respuesta clara y positiva del Gobierno, del Estado, de las instituciones españolas.

-¿Usted apoyaría la investidura de Sánchez?

Creo que se está perdiendo una gran oportunidad: un pacto entre constitucionalistas, que aún puede materializarse, pero hay que dejar las agendas personales a un lado. En Barcelona lo hicimos. A diferencia de Barcelona, Pedro Sánchez sí puede buscar el apoyo de los constitucionalistas y no depender de Podemos y de los nacionalistas. Podemos no representa los peligros de hace unos años, pero sí sigue siendo ambiguo en el tema del soberanismo y supone problemas en el ámbito económico, social y europeo. Apoyarse en Podemos sería un error. Es un momento de emergencia nacional. España vive desde hace cuatro años sin estabilidad política, y el PP y Ciudadanos deben apoyar de una forma u otra a este gobierno. Y proponer pactos, sobre inmigración, economía y Catalunya. Si lo hacen, tendrán rentabilidades políticas a medio plazo. Y será un mensaje a Europa de que el independentismo y el populismo han quedado marginados. España es un gran país, y Pedro Sánchez ha recuperado protagonismo para España, que es hoy un país vital para la UE.

-¿Rivera ha roto con usted o usted ha roto con Ciudadanos?

Nadie entiende que el partido que ha estado en primera fila frente al independentismo prefiera a Maragall antes que a Colau. Pero todo empezó antes. Fui el primero en pedir un cordón sanitario contra Vox, y Rivera se negó e inventó un cordón sanitario con el PSOE. Es una lástima lo que está pasando. Las críticas a Ciudadanos intentan borrar lo mucho de positivo que han hecho en Catalunya. La contribución de Cs ha sido positiva, pero ahora deben dejar las agendas personales a un lado y pensar en España en su conjunto. Es un error creer que puedes llegar al poder con la estrategia del “cuanto peor, mejor”. Las alianzas directas o indirectas con Vox son errores políticos y éticos y pasan factura. Un partido liberal progresista como Cs no puede pactar con Vox, te ensucia las manos y el alma.

-¿Le gustaría participar de un gobierno de Pedro Sánchez?

Voy a ser claro. El tema de mi participación en un gobierno de España ha empezado por un comentario intrascendente y se ha hecho una montaña. No creo que sea el momento de plantearlo. Por un sentido de respeto político por España y Francia. El proyecto para Barcelona es un proyecto de ciudad en una Europa en que las ciudades forman redes, pero las políticas de Estado suponen intereses, secretos de Estado… no me veo, hoy, en un gobierno en España. ¿En el futuro? Siempre estaré dispuesto a trabajar por la unidad de España, en el proyecto europeo, el futuro del Mediterráneo, en el tema de la inmigración y la relación con África, del cambio climático… Y lo podemos hacer desde Barcelona. Veo muchas formas de hacerlo. Pero necesito pensar durante las próximas semanas y meses mi futuro profesional y político, sin prisa.

-¿Podría trabajar desde el nuevo partido que se va a ­crear, la Lliga Democràtica?

La creación de un partido constitucionalista en Catalunya puede ser muy útil, pero con la condición de que no rompa al constitucionalismo. Hacer pujolismo y constitucionalismo a la vez es muy complicado. No he venido aquí para ser candidato a todas las elecciones, participar en la reforma del catalanismo o para crear partidos. No estoy participando en la creación de ningún nuevo partido. Es normal que se busquen soluciones políticas, pero han de tener un objetivo. Y cuidado con todo lo que divide. Una de las consecuencias de todo este proceso es el convencimiento de muchos de que siempre he sido una persona de izquierdas y progresista. Y me parece muy importante que crezca el punto de vista de la crítica al nacionalismo desde la izquierda, constitucionalista, como creo que se percibió en mi discurso del Saló de Cent.
Lola García -La Vanguardia

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Jaque mate


Por: César Hildebrandt

Qué bien, señor Vizcarra.
Ha hecho usted lo único que cabía hacer.
Rosita Bartra ha sido depuesta, Mulder destituido, Becerril apartado. Es como si se hubiesen abierto las ventanas y un aire fresco auxiliara nuestros bronquios. Qué buena noticia.
Entre ser monigote o volver a ser presidente, ha elegido usted ser presidente.
No se ha enfrentado usted al Congreso desde la arbitrariedad y el capricho, que eso hubiese sido un gesto golpista.
El problema ni siquiera es el Congreso. El problema es que el Congreso ha sido secuestrado por las dos organizaciones políticas más próximas a la mafia que hayamos pade­cido.
Lo que ha hecho usted es devolverle al Perú el Congreso rehén, rescatar el recinto de las leyes de manos de quienes son socios de Chávarry, amigos de Hinostroza, protectores de Donayre, compinches de Mamani.
Entre el llamado de la inercia y la solicitud del deber ha elegido usted el cumplimiento de la Constitución.
La gente se lo agradece, señor presidente.
Quizá no tenga usted una idea cabal de lo harto que está el pueblo, de la situación exasperada de mucha gente que no veía una salida ante este empantanamiento que esteriliza y confunde.
Esa gente siente ahora que hay una esperanza.
Un Congreso malparido, donde el 20% de los votos populares se transformó en el 51% de los asientos parlamentarios, ha sido derrotado. No importa cuánto quiera disimu­lar esa debacle y qué es lo que chillen sus voceros. Lo cierto es que la arrogancia de sus representantes ha quedado en entredicho. Parece que hubieran pasado años y no horas desde aquel momento en que el cuello blanco Pedro Gonzalo Chávarry agravió al Ejecutivo y a los fiscales del caso Lava Jato ante la excitada complacencia de sus secuaces.
Esa insolencia de arrabal -ella sí golpista, ancestralmente fujimorista- merecía la cuestión de confianza y la enérgica carta que Salvador del Solar le dirigió al Congreso este jue­ves último.
Sé que algunos ministros de su gabinete plantearon sus dudas y miedos. Hizo bien en no hacerles caso. Esos buenos señores (y buenas señoras) no han entendido la matriz de este juego: complacer al hampa política es duplicar su apetito, volverla insaciable, desatar sus furias. El fujimorismo no es un partido político sino una federación de astucias. Y el Apra es como el coliseo romano: lo que queda de una glo­ria ida (con Nerón suici­da y todo). Mientras más obtiene el fujimorismo, más requiere y demanda.
El único lenguaje que entiende y respeta es el de la fuerza. Quizá sea porque eso les recuerda al patriarca fundador.
No lo dude, señor presidente. Ha hecho lo único que podía hacer si quería evitar el destino de zombi que le tenían preparado.
Ahora viene lo bueno, el partido de verdad, la mitad más seria de la batalla.
Les pide usted a los guardaespaldas del delincuente que fue Fiscal de la Nación que aprueben ya no sólo los cinco proyectos presentados en su mensaje a la nación sino los doce del paquete original de reformas. Y plantea usted que el límite de plazo esté determinado por el término de esta legislatura. Añade usted, a través del primer ministro, que el concepto que cada proyecto encierra no debe ser desnaturalizado. Eso supone que el tamiz neuronal de Rosita Bartra no será, como hasta ahora, factor protagónico en el proceso del debate.
De modo que, al margen de lo que digan los congresistas del Congreso abominable que pretende seguir lastrándonos, lo cierto es que los partidos que irguieron un gobierno clandestino están ahora contra la pared. O el Apra y el fujimorismo aceptan las condiciones propuestas o tendrá que producirse el cierre de ese poder del estado y su renovación a través de elecciones.
Si ese fuera el caso, la Comisión Permanente, dominada por el fujimorismo gracias a un cuoteo ana­crónico (Juan Sheput considera que el partido del reo debiera tener 12 y no 19 representantes en su seno), creerá llegado su momento para sabotear las reformas y seguir blindan­do a los Chávarry del pantano. Pero que no se equivoque: hay constitucionalistas que ya empiezan a poner en duda los alcances de esa atribu­ción sosteniendo la tesis de que en ese periodo serán las leyes del Ejecutivo las que deberán prevalecer.
No lo olvidemos: las reformas fueron convertidas en aspiración popular gracias a un referéndum en el que el fujiaprismo salió derro­tado. No se trata, entonces, de una ocurrencia presidencial sino de un mandato surgido del voto.
¿Aceptará el Congreso que avala a Chávarry las condiciones propuestas por el Ejecutivo?
¡Qué dilema! Si no las aceptan, es posible que tengan que irse a casa (algo espantoso para casi todos). Si las aceptan, el mapa político habrá cambiado radicalmente. Capablanca diría que se trata de un jaque mate.
“Hildebrandt en sus trece” N° 447, 31/05/2019