César Hildebrandt: Matices

C.hilde“Aquí no hay lloriqueos. Aquí tenemos un deber y seguimos empeñados en cumplirlo.
¿Qué pensó Fidel Ramírez, el tío y socio de Joaquín Ramírez? ¿Que porque nos avisaba un lunes por la noche que ya no iba a imprimirnos nos iba a dejar en la cuneta?
Si lo pensó, se equivocó. Aquí estamos, con el espíritu de siempre y con más ganas que nunca de contribuir, modestamente, a que el Perú sea un mejor país.
El periodismo está detrás de todos los destapes que producen el desespero del poder. Esta revista intenta participar en esa tarea. Y a veces, acertamos.
Sabíamos que el reportaje de la semana pasada sobre las propiedades no declaradas de Joaquín Ramírez podía traer cola. Y la trajo. Fue la cola típicamente fujimorista: rencorosa, retorcida, trapera.
Lo importante fue decir que el secretario general de Fuerza Popular se había comprado, por lo bajo, dos departamentos en Miami por un valor que sobrepasaba los dos millones y medio de dólares. Digo por lo bajo porque lo había hecho empleando el nombre de una empresa de su invención.
Horas después de la publicación, Joaquín Ramírez salió a decir que, en efecto, las propiedades eran suyas y que no las había declarado porque no lo había considerado necesario.
Keiko Fujimori, la sucesora, dijo a su vez que Ramírez no tenía por qué declarar nada porque él no había postulado a la reelección congresal. Y enseguida Ramírez, aconsejado por un abogado de Azángaro, sostuvo que por tratarse de que la compra había sido realizada por una empresa la obligación de poner esos bienes en la declaración jurada no lo alcanzaba como persona natural. Absolutamente falso. Esa empresa es parte de su ingente (e investigadísimo) patrimonio. Y tan lo es, que a través de ella Ramírez obtuvo un millón de dólares de un banco en Miami bajo el formato de una hipoteca.
Ramírez es quien presta una de sus casas a Fuerza Popular para que esta agrupación la use como cuartel general de campaña. Ramírez es uno de los financistas clave de Keiko Fujimori. Ramírez, sin embargo, tiene muchas de sus empresas en rojo. Y es por eso que la procuradora de lavado de activos anda intrigada con este excobrador de combis que hoy maneja una enmarañada fortuna que tiende a la invisibilidad.
¿Qué ha hecho Keiko Fujimori en estos días? Blindar a Ramírez, jugarse por él. No tiene otra salida y algún día –quizá pronto– descubriremos las razones de esa metálica lealtad”.

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