ESPAÑA- Renta básica: la dignidad en juego

Por Diego Caldentey – En Voz Alta-
Hace apenas unos años, temas como el paro, los desahucios, los bancos de alimentos, la pobreza e indigencia, por citar algunos, adquirían otros significados en España. Estaban allí, latentes en la sociedad, pero acotados a determinados segmentos específicos de la población. No es que mirásemos para otro lado, pero cada uno de los colectivos que padecía las más extremas necesidades respondía a determinados factores que gran parte de los ciudadanos observaban a la distancia.

Los años ficticios, la burbuja y el cataclismo financiero mundial envolvieron a la mayoría de la población en una situación inimaginable, hasta llegar al terrible presente: dos de cada diez españoles están hoy bajo el umbral de la pobreza, el 25% de los parados ya no reciben prestación alguna, un millón de hogares no tienen ingresos, el Gobierno ha podado más del 30% de ayudas a los dependientes y casi la mitad de becas de comedor en los colegios, y así podríamos seguir con un listado infinito y devastador.

renta basica

En las épocas más duras, en tramos muy concretos de la Historia, sobran ejemplos conmovedores de superación ciudadana y de movimientos que supieron enfrentar la adversidad. Con valentía y dignidad, este mismo país supo reconstruirse entre las ruinas más atroces del pasado. Ahora el contexto es diferente, pero no menos dramático para miles de familias excluidas socialmente por completo, de mayores malnutridos, de cientos de habitantes expulsados de la clase media cada día que se incorporan a las colas de los comedores sociales…

La Iniciativa por la Renta Básica Ciudadana Universal e Incondicional que había comenzado a dar sus primeros pasos concretos en España hace un tiempo parece no amedrentarse ante el escenario desolador que le rodea y que tiene por delante en su camino. El movimiento social que está ganando cada vez más espacio en nuestro país consiste en poner en marcha una serie de acciones, que serán plasmadas posteriormente en una Iniciativa Legislativa Popular.

Sus objetivos, en consonancia con una campaña de dimensión europea, persiguen medidas que atiendan a los colectivos más desamparados. La finalidad es trazar una estrategia redistributiva que garantice un salario individual, modesto, incondicional y universal para integrar (o reintegrar) al sistema a los más vulnerables. El desafío es llegar a recolectar un millón de firmas antes de 2014 en nuestro país, para que el tema sea tratado en el Parlamento y la Comisión Europea.

Esta última institución continental ya ha admitido a trámite a comienzos de año la propuesta, cuyas acciones se han ramificado por diversos países de la UE (en la actualidad son quince los Estados que participan activamente de la propuesta, incluido España). Si los artífices de la medida pueden obtener esa proporción de adherentes en al menos siete países, el tema será tratado en detalle por la UE y habrá audiencias públicas.

Quimeras, utopías, debates y polémicas al margen, cierto es que no son pocos los sectores en este país que ya han garantizado su apoyo a la propuesta, o al menos han comenzado a dialogar sobre el tema. En Vallecas, Madrid, acaba de tener lugar una cumbre en la que estuvieron presentes una veintena de entidades de España, en la que se ha convocado a representantes de sindicatos, de ONGs, agrupaciones sociales y fuerzas políticas progresistas, entre otras.

El epicentro de la reunión ha sido la iglesia San Carlos Borromeo, que cumple una labor inestimable de ayuda a los más necesitados (y he presenciado en reiteradas ocasiones, con motivo de reportajes y artículos que abordé para diversos medios sobre la extrema situación en poblados como ‘El Gallinero’ o la ‘Cañada Real’ de la región, por ejemplo).

¿Puede uno estar de acuerdo con los postulados de quienes pretenden movilizar a “los de abajo” en la pirámide social a través de esta iniciativa para consagrarla como Derecho Humano imprescindible? ¿Sería la renta básica universal un instrumento eficaz para solventar el rol y nuevas formas de representación colectiva? ¿Se trata de un mero cliché progresista, inviable y abstracto? El debate al menos es necesario. La dignidad de muchos está en juego.

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