Perú: Chuponeos de un periodista y peligrosa ley en ciernes

Los Correos y Perú.21

(Informe de la Revista Caretas)

Entre marzo y abril, el ex periodista de Perú.21 Rudy Palma ingresó 967 veces al correo del ministro José Luis Silva. Las contraseñas eran complejas y no podían adivinarse por juego deductivo, como lo describió el redactor. Nuevos indicios aparecen.
Hasta ahora, el caso de Palma (35), encarcelado por orden judicial, primero en Lurigancho y desde el lunes 21 en Piedras Gordas II, ha sido narrado como el de un fisgón, un retraído voyeurista informático que intervenía cuentas de correos electrónicos sin más consecuencias que el callado almacenamiento en su disco duro de los datos interceptados.

Palma tenía acceso a los correos de casi 20 ministros y altos funcionarios de este y el anterior gobierno. Accedía a los proyectos de ley que se iban a votar en las agendas del Consejo de Ministros, estrategias reservadas de política internacional y combate a la minería ilegal.


Pero la frecuencia de acceso a los correos del titular de Comercio Exterior y Turismo, en promedio más de 25 veces diarias durante el mencionado período, no puede hacer más que plantear interrogantes.

Los Chuponeados
El segundo dato que salta a la vista se encuentra en el oficio emitido el 16 de mayo por el fiscal adjunto provincial Víctor Tullume Pisfil al fiscal superior Tonny García Cano, de la Segunda Fiscalía Superior Especializada en Criminalidad Organizada, al que accedió CARETAS.
En el oficio Tullume da cuenta de la queja de la Procuraduría Pública de la Presidencia del Consejo de Ministros por no incluir a Fritz Du Bois, director del tabloide propiedad del grupo El Comercio, entre los denunciados penales.

Ahí se lista el grupo de funcionarios cuyos correos fueron interceptados, además del de Silva y de la viceministra de Turismo Claudia Cornejo Mohme: en el MEF fueron víctimas José Carlos Chávez Cuentas, Óscar Arturo Pajuelo Ramírez (director general de contabilidad pública), Jorge Manuel Mesinas Montero (director de calidad del gasto público), Roger Siccha Martínez (jefe de recursos humanos) y Wilfredo Silva Lozada (director de la Oficina General de Planificación, Inversiones y Presupuesto).


Las Contraseñas

Según declaró en su primera indagatoria del 26 de abril, Palma obtuvo las contraseñas “por deducción propia. El usuario era el mismo que la clave. Cuando entré al diario me lo dieron así e imaginé que sucedía igual con otras entidades”.
Se trata de un punto clave de contingencia.

Según fuentes consultadas en las dependencias de los afectados, las contraseñas sí eran complejas y muy difícilmente podría haber llegado a todas ellas a través de un simple juego deductivo.

En la misma declaración, Palma reconoció además que tuvo en su poder la contraseña del ex ministro de Trabajo, Rudecindo Vega, y la del correo de Juan Gastañeda, asesor de Silva, a la que había accedido recién en los días previos. El correo de Roger Siccha fue el último al que entró antes de ser detenido el 25 de abril.

En su segunda indagatoria ofrecida el 3 de mayo elaboró sobre los correos que intervino durante el gobierno anterior. Sus blancos fueron:
–Jorge del Castillo (ex PCM).
–Enrique Cornejo (Transportes y Comunicaciones).
–Jorge Villasante (Producción).
–Ántero Flores Aráoz (Defensa).
–Iván Hidalgo (Programa Juntos).
–Carlos Casas, ex viceministro de Economía.
–Fernando Toledo, ex viceministro MEF.
–Ismael Benavides, ex ministro de Economía.
–Rosalía Álvarez, ex secretaria Ejecutiva de Hacienda.

Es decir, Palma, que trabajaba en el diario desde 8 años atrás, se dedicaba a hackear correos de altos funcionarios por lo menos desde 2008.

¿Por qué entonces su discreción, aparentemente cultivada durante años, se fue al traste de un momento a otro?

Extraño Chantaje
El mes pasado Silva comenzó a recibir correos con visos de chantaje y amenazas, relacionados a su vida personal. Las comunicaciones provenían de un tal “Gonzalo Carrillo”.
En ese momento el Mincetur comenzó a rastrear los probables ingresos irregulares al correo del ministro, a partir de lo que se llegó al IP de Perú.21.
Otro correo con similar contenido llegó el 16 de abril de 2012 a las 19:15, pero, en un alarde de osadía, fue recibido por la mayoría del personal del ministerio. Dos días después, a las tres de la tarde, otro más llegó a la bandeja de entrada de la esposa de Silva, Giselle Durand.

Silva se apersonó hasta 3 veces a la Dirincri para presionar por el seguimiento de la investigación policial. Lo mismo hicieron tres fiscales, que incluso llegaron a esa dependencia un domingo.

El ministro visitó el diario el 23 de abril a las 9 de la noche, por espacio de una hora. Así lo confirmó El Comercio en su editorial del domingo 20:

“Antes de que hubiese una investigación oficial, (Silva) se presentó a las oficinas de la empresa en su afán de averiguar el origen de las intromisiones detectadas en los correos electrónicos de su ministerio. Los técnicos de la empresa hicieron saber que los datos que había traído el ministro correspondían a la computadora usada por Rudy Palma en Perú.21. Ese diario permitió al día siguiente, sin necesidad de orden judicial, que la Policía y la fiscalía interviniesen la PC que usaba Palma”.

El redactor ha negado en sus manifestaciones que los correos amenazadores que recibían Silva y su esposa, y que hicieron saltar la liebre, fueran enviados por él. Hasta ahora las investigaciones no han probado lo contrario.

Sin embargo, algunos de los correos que tenía Palma, pues los reenviaba a sus propias direcciones desde las cuentas de los hackeados, son los mismos que fueron adulterados y usados como insumo por los chantajistas.

¿Palma fue a su vez chuponeado o acaso entregó los correos a un tercero?

La Información
El periodista ha reconocido a la Policía que “sí utilizaba la información que consideraba de interés público para escribir artículos, tales como traspaso de los consejeros comerciales de Cancillería a Mincetur, medidas para la reducción de los costos portuarios, medidas para promocionar la marca Perú, entre otros”.
El cargo más grave que le hace el Ministerio Público en su denuncia es el de los delitos contra el Estado y la Defensa Nacional, por la publicación de dos artículos a partir de información interceptada: uno sobre la negociación de un convenio algodonero con Venezuela, y el trámite para permitir el ingreso de una unidad naval y personal militar de Chile en territorio peruano en septiembre pasado, en el marco de actividades con Fuerzas Armadas extranjeras.

Por ello podría recibir hasta 15 años de prisión, y se trata de una acusación ciertamente discutible.

Pero el premier Óscar Valdés sí debe haber considerado muy delicado que Palma accediera con anticipación a las agendas de los Consejos de Ministros. Solo así se explica que la procuraduría de su sector se haya puesto detrás del caso. Palma, por ejemplo, tenía conocimiento de las discusiones sobre los recientes proyectos de ley que permitieron declararle la guerra a la minería ilegal y las recomendaciones de la cancillería sobre la estrategia a seguir en desacuerdos en la Comunidad Andina.

Sostiene que “en alguna ocasión” pasó información a sus colegas de la sección política, Carmen Mendoza y Dan Flores.

El pasado 11 de diciembre, tras la renuncia de Salomón Lerner a la PCM y el anuncio de Valdés como su reemplazante, la incertidumbre persistía sobre el resto de carteras. Todos los diarios salieron con apuestas diferentes pero solo Perú.21 acertó en cada una de las predicciones.

Durante toda esa mañana, Palma twitteaba información privilegiada para sus 2,177 seguidores. Adelantaba que el “ministro de Comercio Exterior, José Luis Silva, continuará en el cargo” y “Al mediodía en Palacio, habrá reunión de coordinación del nuevo gabinete ministerial”.

Palma asegura que “la información obtenida solo fue utilizada por mi parte para elaborar informes periodísticos. No me he beneficiado económicamente con esta información”.

A pesar de todo, es evidente que solo publicaba una mínima parte del torrente de datos con los que contaba.

¿El resto de información se quedó en su computadora, ahora lacrada por las autoridades, igual que su laptop?

Un Contexto Peligroso

El grupo El Comercio ha cuestionado que se busque establecer la existencia de una organización, cuando Palma “actuaba solo”.
En ese sentido, se abocó a criticar la orden de captura emitida contra la editora Gina Sandoval, que fue finalmente revocada el lunes 21.

Sin embargo, fue el propio Du Bois quien en su declaración policial del 2 de mayo explicó que “obligatoriamente los redactores informan las fuentes donde obtuvieron las noticias. Nosotros no publicamos noticias que sean de fuentes desconocidas, es decir, la editora tiene conocimiento de dónde el redactor obtuvo la información”.

El director del diario limitó su propia labor a establecer “lineamientos generales de las noticias que deben ser publicadas”, mientras que “el editor (es el) encargado de revisar las notas y corroborar su veracidad”.

Se entiende, pues Du Bois tiene otras ocupaciones. Actualmente ocupa puestos en los directorios de JJC Contratistas Generales, AFP Integra, el grupo pesquero Austral, la distribuidora de gas Cálidda e Intergroup Financial Services, con sede en Panamá.

También ha sido puesta en cuestión la severidad mostrada con Palma, que inicialmente fue enviado a un infernal penal para reincidentes y delincuentes peligrosos como lo es Lurigancho.

Algún cambio en la percepción del caso debió operarse en el decano, pues Palma, que ganaba S/. 3,500 mensuales, reemplazó a su abogado entre su declaración del 26 de abril y la del 3 de mayo. De Carlos Montes de Oca pasó a tener como defensor a José Luis Malaver.

La historia parece ir para largo.

En tiempos que se sigue discutiendo una peligrosa ley que podría terminar por prohibir la publicación de todo material cuyo origen haya sido la interceptación, incluso cuando lo justifiquen auténticas razones de interés público (CARETAS 2211), se hace urgente separar la paja del trigo y practicar una sana profilaxis en el oficio periodístico.

Resulta más intolerable que nunca que el “chuponeo” se practique dentro de las redacciones. Si no hay que ver el ejemplo del imperio tambaleante de Rupert Murdoch. Fue un diario respetado en el Reino Unido, The Guardian, el que puso en evidencia la metástasis de interceptaciones de las comunicaciones privadas como método de pesquisa periodística en Inglaterra. Y el resto de medios tampoco respondió con el silencio.

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