El suicidio fujimorista…

La Columna del Director-Diario 16 | 03-01-2012 |
Juan Carlos Tafur


Los fujimoristas deberían mirar lo sucedido en España y Chile como ejemplo del derrotero que deberían seguir si quieren subsistir a la figura de su líder. El Partido Popular español nace de los residuos franquistas y aún alberga en su seno a algunos líderes que, puertas adentro, siguen elogiando los tiempos de la dictadura. La derecha chilena también proviene –y en línea más directa- del pinochetismo (la UDI, aliada del gobierno de Piñera, hasta lo reivindica casi sin tapujos).

Pero en ambos casos hubo una comprensión de que los tiempos exigían no sólo un cambio de apariencia sino una revisión profunda de sus presupuestos. Se convirtieron así en partidos democráticos que hoy en día conviven con la izquierda civilizadamente y se alternan el poder dentro de los cauces de la tolerancia y el respeto.

En la pasada segunda vuelta electoral nos negamos a tachar políticamente al fujimorismo. Confiábamos en que había hecho un auténtico mea culpa y su respectivo propósito de enmienda.

Pero ya desde la propia campaña el discurso del entorno de la candidata Keiko Fujimori fue poniendo en claro que había más de impostura que de auténtico cambio. Y por eso, dicho sea de paso, perdieron las elecciones. Las viejas muletillas autoritarias afloraron conforme la elección se acercaba.

Hoy, ya se han desatado sin disimulo. La derecha fujimorista, inclusive la recién avenida, acusa de terrorista a cualquiera que defienda los derechos humanos, tilda de subversivo a cualquier líder que encabece una protesta, insiste en la tonta campaña contra las ONG, se duele de la independencia de los poderes, alienta campañas de desinformación para invalidar a quienes piensan distinto, etc., etc.

Ello no le hace bien a la democracia. Sobre todo, porque no se ve en el horizonte la posibilidad de que surja de otro lado un movimiento de derecha no sólo democrático y en algún momento liberal, sino que, además, goce del arraigo popular que, sin duda, mantiene el fujimorismo (el PPC ha terminado envuelto una vez más en sus propias querellas internas, bloqueándose a sí mismo la posibilidad de renovarse).

Según lo admiten sus propios voceros, Alberto Fujimori no se está muriendo. Pero por haberse convertido su indulto en la única bandera programática de sus huestes, sobrecargada de ira y afán de venganza, su persona marca el camino del fujimorismo a la extinción o, lo que es peor, a su constitución firme como una derecha tradicional y retardataria. Podría salirse de esa espiral. Sería lo deseable. Pero, lamentablemente, no vemos indicio alguno de que haya siquiera consciencia del camino democrático que les tocaría seguir.

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