Falleció Steve Jobs, fundador de Apple

Steve Jobs, el fundador de Apple y un icono que transformó los hábitos de consumo de varias generaciones con productos como el iPod, el iPhone o el iPad, falleció hoy a los 56 años.
“La brillantez, la pasión y la energía de Steve fueron la fuente de incontables innovaciones que enriquecen y mejoran nuestras vidas. “El mundo es inconmensurablemente mejor debido a Steve”, señaló el consejo de administración de Apple en un comunicado.
Steve había superado un tumor cancerígeno en el páncreas en 2004, un trasplante de hígado en 2009 y este año fue visto en centros para pacientes de cáncer, si bien nunca se confirmó que se le hubiera reproducido la enfermedad.
En 2011 se presentó muy poco en público y reapareció para la presentación del iPad 2 el pasado mes de marzo, un evento en el que fue recibido con una sonora ovación y en el que se mostró extremadamente delgado.
La alta implicación de Jobs en el diseño y desarrollo de exitosos productos como los reproductores iPod o el teléfono iPhone ha generado una imagen de dependencia que ha hecho cuestionarse al mercado si Apple seguirá siendo vanguardista sin su cabeza pensante al frente.
El pasado martes, Apple desveló su nuevo modelo de iPhone, el iPhone 4S, en un acto conducido por Tim Cook, sucesor de Jobs, quien no acudió a la cita como solía hacer desde el debut en 2007 del revolucionario dispositivo.

El 5 de enero Jobs aseguró en un comunicado que sus médicos habían determinado que sus problemas de salud tenían como origen un desequilibrio hormonal de tratamiento “simple y sencillo”.
Steve Jobs vio el futuro y guió al mundo hacia él. Trasladó la tecnología de las cocheras a los bolsillos, llevó el entretenimiento de los discos a los bytes y convirtió los artefactos las extensiones de las personas que los utilizan.
Jobs, quien fundó y dirigió Apple, nos dijo lo que necesitábamos antes de que nosotros lo supiéramos.

El presidente estadounidense Barack Obama, por su parte, dijo en un comunicado que Jobs “ejemplificó el espíritu del ingenio estadounidense”.
Jobs luchó contra el cáncer desde 2004 y recibió un trasplante de hígado en 2009 luego de tomarse una licencia laboral por problemas de salud que no fueron revelados. En enero se tomó otra licencia —la tercera de que comenzaron sus problemas de salud— y renunció como director en agosto. Jobs fue el presidente de Apple y le entregó la dirección al sucesor que designó, Tim Cook.
Al cultivar la sensibilidad contracultural de Apple y la ética del diseño minimalista, Jobs lanzó un producto sensacional tras otro, incluso ante la cara de la recesión de finales de la década del año 2000 y ante su propia fallida salud.
Ayudó a convertir las computadoras de un pasatiempo de los obsesivos de la informática a una necesidad de la vida moderna en la casa en la oficina, y en el proceso puso de cabeza no sólo la tecnología personal, sino también a las industrias de la telefonía celular y la musical.
El espíritu personal de Jobs, un amante de los alimentos naturales que adoptó una filosofía del budismo y New Age, estuvo íntimamente ligado a la persona pública que dio forma para Apple. Apple en sí misma se convirtió en una declaratoria contra la mercantilización de la tecnología: un punto de vista clínico, para ser precisos, de una empresa cuyas computadoras pueden costar tres o más veces que otras de sus rivales.
Para los amantes de la tecnología, comprar productos de Apple significaba entrar a un club exclusivo. Por encima estaba una complicada y contradictoria figura que era infinitamente fascinante: incluso para sus detractores, de los cuales Jobs tenía muchos. Jobs era un héroe para los techno-geeks y un villano para los socios a lo que intimidó y para aquellos empleados cuyos proyectos bruscamente mató o reclamó como propios.
Solía subir al escenario en las ferias y eventos de Apple en jeans, zapatos deportivos y suéteres negros, hechizando a la audiencia con sus más recientes innovaciones y concluyendo siempre con una presentación final precedida con la frase: “Hay un asunto más”.
Para transformar a la industria estadounidense tuvo pocos rivales. Durante mucho tiempo estuvo ligado a su contemporáneo de la era de las computadoras personales Bill Gates, y atrajo comparaciones con otros genios creativos como Walt Disney. Por cierto, Jobs murió como el mayor accionista de Walt Disney Co., tras la venta del estudio de animación computarizada Pixar en 2006.
En 2001, Jobs lanzó el iPod, que ofreció “1.000 canciones en tu bolsillo”. En los siguientes 10 años, sus auriculares blancos y control digital parecía más omnipresente que el reloj de pulso. En 2007 llegó el iPhone con pantalla táctil. Y en 2010, Jobs presentó el iPad.
Para 2011 Apple se había convertido en la segunda compañía más grande de Estados Unidos por valor de mercado. En agosto, la empresa superó a Exxon Mobil como la compañía más valiosa.
Jobs comenzó Apple con un amigo de la secundaria en un garage en Silicon Valley en 1976, fue obligado a dejar la empresa una década después y en 1997 regresó a rescatar a la compañía.
Steven Paul Jobs nació el 24 de febrero de 1955 en San Francisco, hijo de Joanne Schieble —para entonces una estudiante de posgrado soltera— y Abdulfattah Jandali, un estudiante originario de Siria. Fue entregado en adopción a Clara y Paul Jobs, quienes alentaron su afición por la electrónica. Se graduó de la secundaria en 1972 y se inscribió en la universidad Reed College en Portland, Oregón, pero pronto abandonó los estudios.
En el 2005, después de luchar contra el cáncer, Jobs pronunció el discurso inaugural del nuevo lectivo en la Universidad de Stanford.
“Recordar que pronto estaré muerto es el instrumento más importante que jamás he encontrado para ayudarme a tomar las mayores decisiones en la vida”, dijo. “Porque casi todo —todas las expectativas externas, todo el orgullo, todo el temor a la vergüenza o al fracaso_, esas cosas menguan ante el rostro de la muerte, dejando solamente lo que es verdaderamente importante”.
La noticia que los seguidores y accionistas de Apple nunca quisieron conocer llegó un día después de que Apple presentó su nueva versión del iPhone, que es sólo uno de la serie de dispositivos que transformaron a la tecnología y a la sociedad mientras Jobs dirigía la compañía.
No pasó mucho tiempo para que las personas que amaron sus iPhones, iPods, iPads y Macs comenzaran a reunirse para mostrar su respeto al hombre que hizo que todo fuese posible.
“Para algunas personas, es como Elvis Presley o John Lennon, es un cambio en nuestro tiempo”, dijo Robbins, de 34 años , un peluquero y adepto de Apple durante casi 20 años. “Es el fin de una era, de lo que hemos conocido que sería Apple. Es como el fin de los innovadores”.
Frente a las oficinas centrales de Apple en Cupertino tres banderas: una estadounidense, una del estado de California y la de Apple, ondeaban a media asta el miércoles por la noche.
“Aquellos que fuimos lo suficientemente afortunados para conocer y trabajar con Steve hemos perdido a un querido amigo e inspirador mentor”, escribió Cook en un correo electrónico a los empleados de Apple.
“Steve deja detrás una empresa que sólo él pudo construir y su espíritu será por siempre el cimiento de Apple”.
Jobs comenzó Apple con un amigo de la secundaria en un garage en Silicon Valley en 1976, fue obligado a dejar la empresa una década después y en 1997 regresó a rescatar a la compañía.
Durante su segundo periodo se convirtió en la empresa de tecnología más valiosa en el mundo con un mercado que ascendía a los 351.000 millones de dólares. Casi toda esa riqueza se amasó a partir del regreso de Jobs.
Jobs fue un pionero en la transformación de la computadora: de una curiosidad fabricada por jóvenes aficionados a un artefacto doméstico de primera necesidad, aunque sus computadoras Macintosh eventualmente perdieron casi toda su participación de mercado ante las PC que contaban con el sistema operativo Microsoft Windows.
Guió a Apple, convirtiéndola de una empresa rudimentaria de dos empleados en un gigante del Valle del Silicio, especialmente después del lanzamiento de la Apple II, la primera computadora de uso masivo. Su surgimiento hace 30 años obligó a IBM Corp. y a otros competidores a esforzarse por igualarla.
Solía subir al escenario en las ferias y eventos de Apple en jeans, zapatos deportivos y suéteres negros, hechizando a la audiencia con sus más recientes innovaciones y concluyendo siempre con una presentación final precedida con la frase: “Hay un asunto más”.
Su insistencia en la estética minimalista, el diseño cuidadoso y el uso de materiales de alta calidad hizo que los artefactos de Apple sean calificados como de alto calibre. También justificó los altos precios, aunque eventualmente la competencia le obligó a bajarlos.
En una entrevista para un documental transmitido en 1996 por la televisión estadounidense, Jobs recordó cómo creció en la década de 1970 y cómo su generación prefería la poesía en lugar de las finanzas. “Creo que eso fue maravilloso y creo que ese mismo espíritu puede ser introducido en productos, y que esos productos pueden ser vendidos a gente que apreciará ese espíritu”, comentó.
En privado, sin embargo, otros lo calificaban de jefe autoritario y errátil que hacía exigencias irrazonables y humillaba a sus empleados. Su biógrafo Alan Deutschman lo calificó de “emocionalmente inestable y excesivamente errátil”. En su vida personal, Jobs negó por dos años ser el padre de Lisa, quien fue hija de su novia Chrisann Brennan y que nació en 1978. Años más tarde, bautizaría a un modelo de computadora con ese nombre.
El carisma y fortaleza de Jobs parecían invencibles. Uno de sus ingenieros comentaba que en su presencia se creaba un “campo de realidad distorsionada” porque, en persona, era capaz de convencer a cualquiera sobre cualquier cuestión, aun cuando uno volviera a discrepar en cuanto él se iba.
Steven Paul Jobs nació el 24 de febrero de 1955 en San Francisco, hijo de Joanne Schieble —para entonces una estudiante de posgrado soltera— y Abdulfattah Jandali, un estudiante originario de Siria. Fue entregado en adopción a Clara y Paul Jobs, quienes alentaron su afición por la electrónica. Se graduó de la secundaria en 1972 y se inscribió en la universidad Reed College en Portland, Oregón, pero pronto abandonó los estudios.
Le sobreviven su hermana Mona Simpson, su hija Lisa Brennan-Jobs, su esposa Laurene Powell y sus tres hijos Reed, Erin y Eve.

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