Perú: Ollanta Humala en el año de Machu Picchu

Por: Guillermo Reaño

Educador, viajero empedernido y periodista especializado en turismo, ecología y desarrollo.
Es responsable del Grupo Viajeros, una organización peruana dedicada a la promoción del “viajerismo” y la conservación de los recursos naturales y culturales de la región andino-amazónica.
Dirige la revista Viajeros y el portal http://www.soloparaviajeros.pe, sus crónicas han sido publicadas en Rumbos, Caretas, Altaïr, Viamedius, EcoPortal, entre otros medios. Radica en Lima pero se pasa la vida dando vueltas por el mundo.

Perú celebrará este mes de julio dos acontecimientos de singular importancia. Primero, hombres y mujeres de toda condición social saldrán a las calles de Lima, Cusco y el interior del territorio nacional para festejar el primer centenario del descubrimiento de Machu Picchu, la ciudadela inca más conocida del mundo, una de las Siete Nuevas Maravillas de la Humanidad y principal ícono turístico de un país que recibe casi tres millones de visitantes cada año; después, hacia fines de mes, treinta millones de peruanos serán testigos, algunos jubilosos, otros con más preocupaciones que certezas, del cambio de mando gubernamental más esperado del último cuarto de siglo: por primera vez en casi doscientos años de vida republicana asumirá la conducción de la nación un presidente de centro izquierda elegido por la voluntad popular, el comandante Ollanta Humala. Julio, el mes del aniversario patrio, se presenta expectante. Hiram Bingham, el Indiana Jones hawaiano que desempolvó Machu Picchu en 1911 inicia las funciones que llegarán a su cierre con el juramento presidencial del émulo de Lula da Silva (o tal vez, solo el tiempo lo dirá, de una versión mejor presentada de Hugo Chávez, Rafael Correa o Evo Morales).

La fiesta por el centenario de Machu Picchu tuvo su acto inaugural en marzo pasado cuando el gobierno del derechista Alan García logró, después de varios años de controversias y acusaciones mutuas, la devolución al Perú de las piezas arqueológicas que la Universidad de Yale retenía desde el retorno de Bingham a los Estados Unidos después de su exitosa performance peruana. El nombre de Hiram Bingham III, hijo de una pareja de misioneros protestantes instalada en Honolulu, la capital del archipiélago de donde también es oriundo Barack Obama, académico por las universidades de Harvard, Berkeley y Yale, gobernador por Connecticut y miembro del senado americano, es uno de los más controvertidos en la historia del Perú contemporáneo. En los primeros días de julio de 1911, y con fondos de la National Geographic Society, el explorador que solamente dos años antes había tomado contacto con la historia incaica se lanzó a la aventura de encontrar la Ciudad Perdida de los últimos Reyes Incas, sueño largamente postergado de exploradores extranjeros, aventureros nativos e ilusos de todas partes.

Desde entonces la polémica ha distorsionado la figura real del explorador americano presentándolo como una suerte de Francis Drake de nuestro tiempo. Para un sector de la historiografía peruana Bingham solo fue un consumado ladrón de las joyas incas -el imperio agrario que durante poco menos de dos siglos sembró de civilización los andes sudamericanos-, interesado en promocionar su nombre con el único afán de encumbrarse en las esferas del poder político de su país. Filibustero de saco y corbata o explorador audaz, los peruanos, por lo general inconformes y levantiscos, parecieran estar, en el mes de las celebraciones oficiales por el primer centenario del descubrimiento de Machu Picchu, atentos a los entredichos que generaron en todos los sectores sociales los tres últimos reñidos procesos electorales.

Tanto así que muy pocas voces han cuestionado el programa de festejos diseñado por una comisión de alto nivel presidida por el empresario Vega Llona, que incluye la iluminación de la ciudadela incaica y la presencia de la artista peruana radicada en México Tania Libertad, ceremonia que será vista en vivo por 500 millones de personas alrededor del planeta Desde hace ocho meses, cuando la alcaldía de Lima, la megalópolis de diez millones de habitantes que concentra el poder político y económico del país, pasó a manos de una coalición de izquierda liderada por la Dra. Susana Villarán y una mayoritaria cantidad de municipios y gobiernos regionales pasaron también al control de sendos movimientos políticos de oposición, por no decir de izquierda, el país ha dado una vuelca de 180 grados en sus preferencias electorales. En el año de Hiram Bingham y su proeza descubridora Perú es otro de las repúblicas sudamericanas que inaugura un gobierno de tinte populista.

¿Qué espera el peruano común del gobierno del comandante Humala?. Los resultados electorales indican que más de la mitad de la población electoral nacional exige un cambio sustancial en el modelo económico que se ha venido aplicando desde el gobierno del tristemente célebre presidente Alberto Fujimori (1990-2000) quien cumple condena en una cárcel del Callao acusado por un tribunal independiente de crímenes de lesa humanidad. Dicho modelo, es necesario mencionarlo, logró generar un crecimiento económico nunca antes visto –en el año 2007 llegó a un índice de 8.5 % del PBI – en un país donde el 32 % de su población es pobre o extremadamente pobre. Crecimiento con inclusión social, pareciera ser la receta de moda y la propuesta electoral del todavía no juramentado presidente Humala que los peruanos de todos los sectores sociales reclaman al unísono.

¿Podrá el próximo presidente cumplir las expectativas, todas, de una sociedad compleja y en riesgo de disolución permanente? No es tan fácil predecirlo, para el grueso de los analistas consultados los próximos meses serán determinantes para conocer el rumbo del nuevo gobierno. Mientras tanto, los habitantes del País de los Incas, esa era la marca oficial que por años identificó al Perú en el concierto del turismo internacional, se aprestan a festejar los primeros cien años de un viaje fabuloso que posibilitó la puesta en escena de una de las postales más conocidas en el planeta turismo, la de la ciudadela inca de Machu Picchu, símbolo cultural de un país milenario que inicia la segunda década del siglo XXI inaugurando un gobierno elegido mayoritariamente por el voto de los descendientes indios y mestizos de Manco Cápac y Mama Ocllo, la pareja de esposos-hermanos que salieron de las aguas espumantes del lago Titicaca para fundar una civilización impresionante y ejemplar.

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