El Salvador espera gas peruano

Biocombustibles y GNL podrían cambiar su matriz energética

Perú será el primer país en materializar un proyecto de exportación de GNL en América Latina con destino al mercado mexicano y a otras regiones de la costa del Pacífico, entre ellas El Salvador. Esta posibilidad quedó abierta con la construcción de una planta de ciclo combinado y un terminal de gas natural que podría alimentarse del gas proveniente de Camisea, recomendación que realizó el BID como salida al problema salvadoreño de acceso a fuentes de energía limpia, eficiente y competitiva.

El Salvador ha participado en las diferentes inici…

El Salvador, al igual que el resto de los países de Centroamérica, tiene serias carencias energéticas por su condición de importador neto de energía fósil. La combinación de insuficientes inversiones para la generación de energía eléctrica y una elevada factura por la importación de combustibles líquidos ha incrementado las limitaciones de crecimiento económico del país. Por otra parte, el uso de la madera como combustible amenaza erosionar los pocos terrenos aptos para el cultivo que sobreviven en El Salvador. Pero esta pésima matriz energética podría cambiar en forma radical con la utilización de energías alternativas. A muy corto plazo, El Salvador podría comenzar a caminar por la senda de la producción propia de biocombustibles y la utilización de gas natural, proveniente de los yacimientos de Camisea en Perú, para la generación de electricidad. Todo depende de los incentivos y facilidades que otorgue el sector oficial para que los proyectos se construyan y entren en operación lo antes posible.

Desde hace más de una década, El Salvador ha participado en las diferentes iniciativas subregionales para encontrar soluciones comunes al problema energético, a partir del uso del gas natural y de otras fuentes alternas. A pesar de la buena voluntad de los gobiernos centroamericanos, tales iniciativas no se han concretado porque no hay el consenso en torno a premisas vitales, como unificación de leyes y normas; ausencia de un suplidor regional estable y a largo plazo; precios de referencia para el comercio de la energía, y definición de espacios territoriales para la construcción de infraestructura.

En el pasado reciente, en el marco del Programa de Integración Energética Mesoamericana (PIEM), coordinado por la Comisión Económica para América Latina (Cepal), se consideró como alternativa llevar el gas a Centroamérica a través de gasoductos desde México, Colombia o Venezuela, pero las tres alternativas de suministro, por diferentes razones, no fueron viables. En tanto, en Perú, un proyecto de vieja data se materializó. Con la ayuda financiera del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), las reservas de gas natural de Camisea ahora ayudarán a México a resolver parte de su déficit energético con GNL. Pero el proyecto es suficientemente grande para contemplar otros potenciales clientes en la costa del Pacífico. Es posible que una parte de la exportación de GNL peruano se quede en El Salvador para alimentar una planta de generación eléctrica de gran capacidad. Ya Trinidad y Tobago tiene una experiencia similar con Puerto Rico y República Dominicana, a los que deja una parte del GNL que llevan los barcos en su camino hacia Estados Unidos.

Diego González Cruz, consultor del BID y analista especializado en el sector energético, señala que actualmente, con “los avances tecnológicos es posible construir costa afuera plantas para recibir GNL de manera que no se necesita disponer de un espacio en tierra firme. También se ha logrado simplificar y bajar los costos de las instalaciones para regasificar el GNL y llevarlo a los consumidores finales. Así mismo, hay barcos que no sólo transportan GNL sino que están acondicionados para regasificar el hidrocarburo. Hay toda una gama de posibilidades, siempre y cuando exista un suplidor confiable”.

En opinión de González, el principal escollo para la gasificación de Centroamérica ha sido garantizar el suministro. México ahora importa GNL; las reservas de Colombia todavía son modestas; en Venezuela no terminan de arrancar los proyectos de GNL sustentados en los potenciales con los yacimientos de gas libre costa afuera, y Bolivia sigue sin salida al mar. De allí la importancia estratégica que ahora revisten las reservas de gas natural de Camisea y el proyecto Perú GNL.

En el pasado reciente, en el marco del Progra….

Perú les gano la carrera del GNL a los grandes del continente en cuanto a reservas de gas natural. Hace unos años nadie apostaba grandes sumas a Camisea, los yacimientos de gas ubicados aproximadamente a 500 kilómetros al este de la ciudad de Lima. No sólo existían en el mismo continente otros países con potenciales reservas de gas natural más atractivas, sino que los volúmenes de Camisea se consideraban insuficientes, incluso para pensar en proyectos de largo plazo destinados al consumo de la población de Lima. Esta situación ha cambiado en la medida en la que se han realizado estudios geológicos y exploratorios para comprobar las reservas. Hoy el potencial de Camisea es considerable y podría convertir a Perú en exportador neto de GNL.

Gustavo Navarro, director general de Hidrocarburos del Ministerio de Energía y Minas de Perú, señaló hace poco que según los más recientes estudios, las reservas de gas natural de Camisea alcanzan 14.1 trillones de pies cúbicos (TCF) y se espera agregar 2 TCF a finales de 2009. Navarro indicó que de este volumen se ha comprometido para la exportación 4.2 TCF.

Perú será el primero en materializar un proyecto de exportación de GNL en América Latina, mediante un consorcio integrado por las empresas Hunt Oil (Estados Unidos), Repsol YPF S.A. (España), SK Energy (Corea), y Marubeni Corporation (Japón). El proyecto, denominado Perú LNG, requiere una inversión de US$3800 millones, en su mayor parte financiada por el BID y el Banco Mundial, así como también del Banco Export-Import de Estados Unidos, el Banco Export-Import de Corea y Sace de Italia.

El proyecto comprende la construcción de una planta de GNL y un terminal de carga marítima en la costa central peruana, en la región de Pampa Melchorita, límite entre las regiones de Lima e Ica. Incluye la construcción de un gasoducto de 408 kilómetros que conectará el ducto de Transportadora de Gas del Perú (TGP) con la planta de Pampa Melchorita.

El suministro de gas natural a la planta procederá del yacimiento Camisea y se hará con la producción de los bloques 56 y 88, en una primera y segunda fases, respectivamente, hasta completar el volumen contratado. El proyecto contempla, además, la comercialización en exclusiva, por parte de Repsol YPF, de toda la producción de la planta de licuación (prevista en más de 4,5 millones de toneladas/año). El acuerdo de compraventa de gas suscrito con Perú LNG tendrá una duración de 18 años desde su entrada en operación comercial y, por su volumen, se trata de la mayor adquisición de GNL realizada por Repsol YPF en su historia.

El cronograma del proyecto prevé la entrada en operación de la planta en el segundo semestre de 2010, para comenzar a suministrar a diversos mercados de la costa americana del Pacífico, países asiáticos y México. En septiembre de 2007 Repsol YPF resultó ganadora de la licitación pública internacional promovida por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) para el suministro de GNL a la terminal de gas natural en el puerto de Manzanillo, en las costas mexicanas del Pacífico. El contrato, con un valor de US$15.000 millones, contempla el abastecimiento de GNL a la planta mexicana durante un período de 15 años. La planta de Manzanillo, que suministrará gas a las centrales eléctricas de la CFE de la zona centro occidental de México, se abastecerá del gas procedente de Perú LNG.

El proyecto de Perú comprende la construcción….

Una parada antes de llegar a Manzanillo

El Salvador aspira a convertirse en parada obligatoria para recibir una parte del GNL peruano que irá hasta Manzanillo. Esa posibilidad ha quedado abierta con la construcción de una planta de ciclo combinado y un terminal de gas natural, en el puerto de Cutuco, La Unión, que podría alimentarse del gas proveniente de Camisea, recomendación que ha realizado el BID como una salida al problema salvadoreño de acceso a fuentes de energía limpia, eficiente y competitiva. El puerto de La Unión es de gran calado, lo cual permitirá que buques que transporten el gas licuado de otras naciones puedan atracar allí sin problemas.

El proyecto adelantado por la empresa Cutuco Energy, mediante una inversión cercana a US$600 millones, generará 525 megavatios para satisfacer la futura demanda de energía eléctrica en El Salvador y de parte de Centroamérica, diversificando la matriz energética, electrificando las zonas rurales y ayudando a reducir la dependencia que existe de otros combustibles fósiles y de la biomasa. En una segunda fase, se tiene previsto entregar gas natural a otras industrias, ya sean generadoras de energía o de alimentos, a grandes consumidores de combustibles. Se contempla la construcción y operación de dos líneas de transmisión, una para conectarse a la red nacional Etesal y la otra para conectarse al Sistema de Interconexión de los Países de América Central (Siepac).

La planta se construye en un terreno de 386.000 metros cuadrados, arrendado por un plazo de 30 años, propiedad de la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (Cepa). El contrato de arrendamiento puede extenderse por tres períodos prorrogables de cinco años cada uno, lo que totalizaría un lapso de 45 años. Se espera que la construcción de la planta concluya en 2011.

De los combustibles fósiles a los biocombustibles

Según las estadísticas de la EIA (Energy Information Admistration) El Salvador consume diariamente 43.000 barriles diarios de combustibles fósiles. Como importador neto de gasolina, diesel y otros derivados del petróleo, la factura petrolera se ha convertido en una enorme carga para las finanzas públicas y para el medio ambiente. De allí que iniciar la producción propia de biocombustibles sea una alternativa atractiva para El Salvador.

Dentro del Programa Mesoamericano de Biocombustible, coordinado por Colombia, se completó el año pasado la instalación de plantas piloto de biodiesel en Guatemala, El Salvador y Honduras. El objetivo del programa es desarrollar mecanismos para compartir recursos, capacidades de producción, logística de transporte, mercados, tecnología y políticas de desarrollo sustentable en el campo de la producción de biocombustibles y asegurar el suministro de energía a precios competitivos. Guatemala y El Salvador producirán biocombustibles utilizando como insumo jatropha e higuerilla, mientras que en Honduras se trabajará con palma africana.

En El Salvador, la planta procesadora de biodiesel se encuentra ubicada en las instalaciones del Centro Experimental Desarrollo Agropecuario (Ceda). La planta tiene un costo de US$800.000 y fue donada por la empresa Biosgeos a través de la Corporación Colombiana de Investigación Agropecuaria (Corpoica). La procesadora de biodiesel tiene la capacidad de producir diariamente 10.000 litros de biocombustible (equivalentes a 62 barriles de combustible fósil). Se aspira a duplicar la experiencia para sustituir parte de la demanda local de gasolinas y diesel.
Tanto la planta de regasificación en Puerto Cotuco, como los ensayos iniciales para la producción de biocombustibles, apuntan hacia un cambio drástico y profundo de la matriz energética salvadoreña. Sin energía segura, confiable y a precios competitivos, será difícil para El Salvador alcanzar las metas de crecimiento económico. Los lineamientos de política energética indican que el mayor reto consiste en ampliar la capacidad instalada del sistema de generación y detener el deterioro ambiental provocado por la utilización de madera como fuente de energía. Para algunos, El Salvador corre el riesgo de convertirse en un nuevo Haití, donde la carencia de combustibles llevó a la población a devastar las tierras cultivables.
Mery Mogollón,

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