El verdadero enemigo

Una semana después de descubierto, el caso de espionaje financiado por Chile nos obliga a identificar más detalladamente al enemigo

Por: Hugo Guerra

Sí, es factible que el acto hostil fuera una operación encapsulada de la Fuerza Aérea del país del sur. En 1978, el espionaje que le costó la vida al suboficial de la FAP Vargas Garayar corrió a cargo de la Marina de Guerra pinochetista. Y hoy —a la luz de los documentos sobre el interrogatorio de Ariza, que han sido publicados por El Comercio—, se evidencia que la FACH organizó aquí una red de traidores que solo ha entrado en receso.

La Moneda podría no estar informada de la operación, en un estado tan compartimentalizado como el chileno. Por eso, al principal enemigo debemos identificarlo entre los militares que se burlan de las instituciones democráticas de su propio país.

Chile, después de terminada la dictadura pinochetista, continúa siendo apenas una democracia tutelada (o vigilada) por sus Fuerzas Armadas. Los militares condicionaron su salida del mando gubernamental, reteniendo una cuota muy alta de poder real, así basta ver desde el texto constitucional chileno hasta recordar cómo se conformó el Senado posdictatorial.

La Concertación de izquierda, que cada vez se aleja más de sus raíces ideológicas, está inevitablemente condicionada también por un militarismo específicamente belicista. El mantenimiento de la Ley del Cobre (hoy apenas mal escondida dentro de un cuerpo normativo mayor); y la propia trayectoria de la presidenta Michelle Bachelet, demuestran la cooptación activada por los belicistas más peligrosos.

La economía chilena, dentro de su alto índice de expansión, también está influida por los uniformados. Existe una poderosa industria bélica y los militares tienen roles claves en el control del aparato estatal so pretexto de la defensa. Chile es, en suma, un estado bastante militarizado, en el cual ni siquiera la prensa está al margen de pactos y alianzas con sus Fuerzas Armadas.

Por todo ello, seamos precisos en identificar al enemigo: la Marina, la Fuerza Aérea y el Ejército de Chile mantienen al Perú como centro de sus principales hipótesis de conflicto. Y a partir del perfil de sus mandos analicemos las relaciones con nuestro país.

En los estertores de su mandato, el equipo bacheletiano en teoría tiene la oportunidad de dar muestras de independencia civil; pero no nos fiemos porque el poder castrense allá es demasiado grande.

No queda, así, otro camino más que degradar la relación bilateral, entendiendo que no se trata de mantener las cuerdas separadas, sino de revisar las condiciones del flujo financiero y comercial para introducir reservas sobre reciprocidad, equidad y sectores estratégicos a un acuerdo de complementación que nunca debió firmarse. Mientras tanto, al tiempo de acelerar la recuperación de nuestros sistemas de Defensa, busquemos el apoyo y el entendimiento de la comunidad internacional para impedir aventuras agresivas de las cúpulas militares chilenas.

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